Miércoles | Avril 26, 2006

2.4. Todos odian a Hugo

“Ahora todo va a cambiar”. ¿Pero para bien o para mal? Es la misma pregunta que nos hacemos los espectadores. La serie no puede ser la misma que ha sido hasta ahora si los supervivientes perdidos en una isla inhóspita van a tener acceso habitual a comodidades como una ducha, lavadora, secadora, tocadiscos… ¡y una despensa llena! La apertura de la escotilla y la exploración del búnker ha dado paso a una etapa nueva en su situación y como consecuencia algunos deberán afrontar un fuerte cambio. Vimos ya en el episodio anterior la decisión que asumieron Locke y Jack, y en este episodio Hurley se convierte en un eslabón más en la cadena de nuevas responsabilidades que se va extendiendo al resto del personal. Sólo que Hurley, debido a su experiencia previa, tiene sus propias dificultades para asumir la nueva posición en la que se ha visto involucrado. Para él lo más importante son sus relaciones con sus amigos, ser apreciado por todos. Es el buen chico que siempre está dispuesto a ayudar a quien lo necesite, como nos lo ha demostrado suficientemente desde su apoyo a Claire y Jack en los primeros episodios de la serie y especialmente por su atención a la delicada situación de Charlie en 1.16 o de Jin, quien no había sido especialmente amigo suyo, en 1.17. Hurley ha sabido ganarse el afecto de todos, como la misma Rose le indica, pero teme que esto va a cambiar muy rápidamente. Con todo su ser rechaza el papel de duro, del que tiene que decir que no a unos y sí a otros ganándose así enemigos (lástima que Sawyer se encuentre en el otro lado de la isla, pues éste es exactamente su rol preferido, aunque quizás sus criterios serían algo cuestionables). Nuestro voluminoso amigo no tiene buenos recuerdos de lo que ocurrió cuando ganó la lotería (incluso antes de hacerse consciente de la maldición o gafe asociado a los números), hubiera preferido que no le tocara ese dinero y mantener el tipo de vida que llevaba; por eso esta vez tiene tan claro que prefiere destruir la comida a revivir acontecimientos similares a los de entonces. Y no porque no le guste comer, quizás precisamente porque le gusta demasiado. Su experiencia le ha hecho desconfiar de los cambios, especialmente de aquellos que parecen traer lo que uno más necesita; sabe que la aparente bendición se puede tornar en maldición por el drástico cambio que implica en las relaciones humanas.

 

La comida en el búnker es ciertamente una riqueza para los supervivientes. Necesitan una dieta más variada y ¿quién no echaría de menos las patatas fritas o las barritas de chocolate? ¿Tiene derecho Hurley a destruir toda esa comida para quitarse el muerto de encima? ¿No le hubieran odiado todos precisamente más por eso? Pero afortunadamente, con ayuda de la serenidad y el buen sentido aportados por Rose, llega a la solución acertada: repartir la comida para que todos puedan disfrutar de ella en un banquete (sólo faltó el jabalí para convertirse en la típica comilona que suele rematar cada aventura de Astérix). Como en el caso del campo de golf (1.9), Hurley –con su peculiar modo de pensar en principio tan distinto de la lógica aplicada por Jack– vuelve a acertar con una solución apropiada para todos. Si Jack prioriza las necesidades fisiológicas y sanitarias básicas, Hurley pone el acento en mantener los sentimientos y relaciones de los supervivientes en un nivel satisfactorio. Y ambas cosas son importantes.

 

Y mientras la exploración del búnker se convierte en una fuente de sorpresas (Sayid y su minuciosa investigación de las paredes de cemento tipo Chernobyl, Kate y su voluntario chequeo de la instalación de agua caliente, Jack y su inesperado encuentro con el origen de los extraños ruidos en las tuberías) el mar deposita en manos de Claire un testigo silencioso del desencuentro de los cuatro navegantes con los “otros”. La botella de mensajes, salvaguarda simbólica de las ilusiones y esperanzas puestas por todos en un próximo rescate, vuelve a la playa al día siguiente de haber partido. Sun no sabe qué hacer con esta única noticia, en sí ambivalente, que tiene de Jin. El búnker y todas las novedades (o antiguallas) que contiene, convertido de la noche a la mañana en centro del interés de todos, logra eclipsar ante los demás la angustia que esta botella ha despertado en nuestra sufrida coreana. Ella opta finalmente por enterrarla en la arena, no quiere que los mensajes que porta, que ya nunca podrán llegar a su destino, se conviertan en una mala noticia para los demás. Sufrirá en silencio su preocupación por el marido que un día fue incapaz de abandonar (1.6).

 En el otro lado de la isla encontramos otro búnker (no tan bien equipado) y a los supervivientes de la cola del avión decidiendo a su vez qué hacer con los tres náufragos que el mar ha depositado en su playa. En este caso optan más bien por desenterrarlos –sacarlos del pozo, quiero decir– y aceptarlos, aunque aún algo reticentes, en su comunidad. La mayor reticencia, o mejor dicho, el encontronazo más violento, se da entre Ana Lucía y Sawyer (en fuerte contraste con el agradable coqueteo que hemos presenciado entre Jack y Kate). El timador timado va a llegar al límite de su paciencia tras sufrir golpe tras golpe por parte de una enfurecida “Rambina”. La suerte está mal repartida entre ambos lados de la isla: la abundancia de unos destaca ante la escasez de los otros. De entre los “colistas” y “balseros” sólo Bernard podrá quizás un día catar la gastronomía de Dharma, por medio de la chocolatina que Rose, con su inquebrantable fe, ha guardado para él. Las dos esposas por un lado y los dos maridos por el otro, acordándose cada uno de su pareja, junto con los respectivos logos de Dharma de las estaciones “Cisne” y “Flecha”, consiguen crear una cierta vinculación entre estas dos situaciones tan dispares. La expedición de la balsa ha demostrado ser útil después de todo en establecer un contacto con otra gente, pero no tanto para ser rescatados como para quizás ser capaces de rescatar, dado el caso, a los pobres supervivientes de la cola de su aislamiento y precariedad.    Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas: 

- La experiencia y circunstancias de cada uno pueden hacer que nuestra reacción ante un determinado cambio inminente sea o bien de temor o bien de alegría expectante, o una mezcla de ambos. Lo que este episodio nos recuerda es que aún el cambio aparentemente más benéfico puede traer consecuencias desagradables. Nos invita a mirar y evaluar todas las vertientes de una transformación esperada: no sólo el aspecto tangible sino también el relativo a los sentimientos y relaciones entre las personas implicadas. Una situación nueva crea tensiones nuevas. De todos modos lo aconsejable es afrontar el cambio de una forma consciente, crítica y creativa, no huir de él ni boicotearlo desde un miedo irracional al mismo.

 

- Desde la valoración de diversas perspectivas puede darse el caso de que resulte más coherente renunciar a un bien que se nos ofrece que aceptarlo. Eso está muy claro en algunas ocasiones: por ejemplo en el caso de la alimentación, sabemos que es mejor renunciar a ciertos manjares o bebidas en exceso, por cuestiones de salud. Igualmente puede ser necesario, en algunos casos, renunciar a un determinado premio, a un prometedor puesto de trabajo, a una relación interesante… por salvaguardar la serenidad, las relaciones familiares o algún otro valor que resulte amenazado.

 

- A veces la vida da tantas vueltas que nos encontramos en una situación opuesta a la que esperábamos. Querríamos que alguien nos ayudara y tenemos más bien que ayudar a otros. Enviamos un mensaje a alguien y nos es devuelto sin abrir. O no esperamos ya nada de nadie y de repente se nos regala un nuevo grupo de amigos, o una nueva oportunidad interesante. La vida es mucho más sorprendente y está más llena de novedad de lo que solemos pensar, acostumbrados como estamos a calcular y preveer todos los detalles. El tiempo meteorológico, en su relativa impredicibilidad, simboliza perfectamente esto: el día mejor planeado se estropea por un chaparrón imprevisto, o por otro lado, la tarde más aciaga se nos puede alegrar por un repentino arco iris, una hermosa puesta de sol o unas brillantes estrellas.

  

Amparo

1-5-2006: Editado para corregir formato.

4-5-2006: Constatado un error: La botella no aparece en la playa al día siguiente de la partida de la balsa, sino que han pasado dos días.

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Martes | Avril 18, 2006

2.3. Orientación

Bueno, ya sabemos lo que hay tras la misteriosa escotilla que encontraron un día Locke y Boone (1.11): la estación Cisne de la empresa Dharma, en la que existe un sistema que por alguna recóndita razón requiere que cada 108 minutos se ejecute una cierta rutina con los números de Hurley. ¿Qué significa esto para la sensación de “destino” de Locke? Recordemos que él encontró la escotilla cuando vagaba por la selva siguiendo una especie de instinto (en vez de buscar las pistas para encontrar a Charlie y a Claire) y que tenía puesto todo su empeño en abrirla, olvidándose por completo de cualquier otra tarea (como cazar jabalíes para comer). Este camino le ha llevado a una posición en la que va a recaer sobre sus hombros la pesada responsabilidad de “salvar al mundo”, pero no con una hazaña memorable y gloriosa sino con la ingrata tarea de estar pendiente de un ordenador casi cada dos horas. Y sin saber exactamente por qué, y sin ningún tipo de reconocimiento.

 

Es la tarea que el pobre Desmond asumió unos años antes, no porque le gustase ni porque se lo creyera del todo, sino por la enormidad de lo que podía estar en juego. Y así, debido a sus circunstancias, se encontró entregando su vida, hora tras hora, en plena y agotadora dedicación –y sin perspectiva de que aquello fuera a acabar alguna vez– a una causa, sublime o estúpida, encerrado bajo tierra cual eremita en una isla perdida en el océano. El episodio habla varias veces de “fe”, pero en todos los casos se refiere a creer algo que otros te han dicho, a poner tu confianza en determinadas personas. Desmond optó por creer a Kelvin y al Dr. Candle de la película “Orientación”, Locke opta en su flashback por confiar en Helen y pasar de su padre (que ya le ha demostrado que es de poco fiar). Jack y Locke se plantean ahora creer lo que les transmite Desmond y asumir su tarea… o no. La cuestión se nos plantea en múltiples ocasiones de nuestra vida diaria, creer lo que nos dicen los demás, las instituciones, los vendedores, los científicos… o no. Y siempre hay algo en juego, por pequeño que sea. Lo que hace esta decisión tan difícil para Locke y Jack es que las opciones son: o alguien inició esto como una especie de juego o experimento, o verdaderamente hay una gran catástrofe esperando a ocurrir cada 108 minutos. Por difícil que sea de creer, el precio de meter la pata es –supuestamente– tan alto, que parece más razonable plegarse a las exigencias del reloj contador, sobre todo porque la tarea parece fácil. Pero la decisión no se hace de una vez por todas, debe repetirse cada hora y tres cuartos, y cada vez te asalta de nuevo la duda de si alguien te estará tomando el pelo. Locke, debido a sus antecedentes en la isla, va a abrazar sin problemas la obligación de pulsar el botón. Pero curiosamente obliga a Jack a compartir su decisión, quien, muy a pesar de su enorme escepticismo respecto a esta situación y desconfiando totalmente de las intenciones de Dharma, culmina la rutina del ordenador, probablemente forzado por la lógica de evitar con un paso tan sencillo el posible mal mayor.

 

La misma cuestión de la confianza en lo que dicen los demás es la que está en juego en el otro lado de la isla. Los supervivientes de la cola del avión desconfían demasiado de los recién llegados náufragos, mientras que estos se fían demasiado de las intenciones de una nueva compañera cautiva. Fiarse de los demás es una y otra vez algo cuestionable, pues hay mentirosos y timadores y hasta secuestradores y asesinos en este mundo y en esta isla. Sin embargo, como diría Jack, la unión hace la fuerza, y ante circunstancias adversas es mejor aliarse con los que tienes al lado, pues la desconfianza y la desunión entre ellos puede ser el mejor arma del enemigo.

 

Al final Desmond escapa corriendo de la estación por las posibles consecuencias de la avería del ordenador. Pero, cuando el funcionamiento del mismo ha sido normalizado por la intervención eficiente y pragmática de Sayid, lo que en el fondo ha ocurrido es que ha sido reemplazado en su misión de “salvador del mundo”. Exactamente lo que había esperado durante años. Pulsar el botón del ordenador del Cisne cada 108 minutos es a la vez una tarea estúpida e importante. Estúpida por lo que es en sí, sobre todo por la enloquecedora rutina que conlleva, e importante por el enorme alcance de lo que –supuestamente– realiza esta acción. Locke se ha erigido en el nuevo “salvador del mundo”, lo chungo es que se trata de una acción repetitiva y maquinal, que no requiere el aporte de las especiales capacidades de su persona. Ser el “salvador del mundo” de esta manera hace que te sientas manipulado y, a la larga, esclavizado. Era más satisfactorio ejercer de gurú, guía y cazador de la tribu. El destino que la isla le tiene reservado ¿será tan liberador y refrescante como esperaba (al estilo de Helen) o será un gran y humillante timo (al estilo de su padre)? En el aire resuena la angustiosa pregunta de Locke a aquellos de los que espera obtener el reconocimiento del que siempre ha estado tan falto: “Qué es lo que se supone que debo hacer?”

  

Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

 

- La confianza en los demás es el gran juego de nuestra vida. En la mayoría de las circunstancias confiamos en los que nos rodean: familia, vecinos, compañeros, empleados de los diversos establecimientos que visitamos, medios de comunicación… Sólo ciertas circunstancias específicas levantan nuestras sospechas: un desconocido que nos aborda en la calle, los anuncios publicitarios… Cuando una persona nos ha hecho alguna mala jugada desconfiamos de ella y de otros muchos por causa de ella. Una cierta desconfianza es sana en determinados momentos y ante ciertas situaciones, pero con una desconfianza sistemática en la gente y en las instituciones sería imposible vivir. Lo grave es cuando la confianza / desconfianza se convierte en un asunto de supervivencia.

 

- El deseo de hacer algo importante y de ser reconocido va ligado a ser reconocido por lo que uno realmente es, no por algo en lo que uno ha sido encasillado. Sin embargo, muchas tareas tediosas y humildes están “salvando al mundo”. Uno puede asumir la obligación aparentemente más ordinaria e insignificante con un gran sentido de dignidad. Probablemente la actitud del que asume una tarea juega un papel más importante en el nivel de satisfacción que esta produce que la propia tarea en sí. La actitud de servicio, de hacer lo que hago como un servicio para el bien de los demás, nos hace sentir que cada uno de nosotros somos una persona valiosa para la humanidad. Si mi expectativa y ambición es ser el más reconocido o el más importante, no sólo no lo voy a conseguir nunca sino que además nunca podré disfrutar de la situación real en la que estoy. De todas formas es bueno buscar un cauce para poner los mejores dones de cada uno en activo, si no en la vida laboral al menos como hobby.

   

Amparo

 

4-5-2006: Editado para corregir un error tipográfico.

 

Comentario añadido el 21 de Septiembre de 2006: 

En los episodios 2.2 y 2.3 Kate tiene una función clave: primero es la que resuelve el bloqueo al que habían llegado Jack y Desmond, apuntando ambos a Locke, después sugiere y pone en práctica la idea de ir a buscar a Sayid, consiguiendo que llegue a tiempo de reparar el ordenador antes de que el contador llegue a cero, y, en tercer lugar, es la que encuentra el interruptor que reestablece la corriente en el búnker. Sin embargo, en el gran momento culmen del episodio 2.3, cuando Locke insiste a Jack para que pulse la tecla “Execute”, Kate se limita a sugerir que se haga, dejando la decisión a Jack. Tanto Kate como Sayid se han esforzado mucho por resolver el problema en los términos que Desmond ha planteado, por lo que se entiende que se inclinen hacia la opinión de que todo este esfuerzo era realmente necesario. Sin embargo es curioso cómo dejan la decisión en manos de Jack. Ellos han colaborado a fondo sin conocen los detalles de la cuestión, y saben que Jack y Locke son los mejor informados. Es un buen ejemplo de trabajo en equipo, en el que cada uno actúa empleando todas sus capacidades. El líder, Jack, sumamente respetado en su decisión última por todos los presentes (incluido Hurley, a pesar de su pánico a la serie de números introducida en el ordenador), parece asumir finalmente la opinión más prevalente en el equipo a pesar de su propia reticencia.

 

Kate había accedido al deseo de Locke de bajar sola al búnker, aunque con cierto temor (2.1). Una vez allí abajo se siente traicionada cuando Locke la descubre como una fugitiva sugiriendo que sea atada, pero entiende inmediatamente que John le está dando un cuchillo para que se libere sin conocimiento de Desmond y poder conseguir así una cierta ventaja. La muchacha sabe manejarse bien y encuentra la manera de salir de su encierro, hacerse con un arma y resolver la situación. Se trata de un comportamiento ejemplar, que deja atrás las posibles rencillas o resquemores contra John, para poder actuar con eficiencia tal y como las circunstancias lo requieren. Cuando tiene que decidir sola lo hace y cuando tiene que contar con la decisión de los demás no se hace la lista, recordando a todos cómo ha sido ella la que les ha salvado antes, sino que sabe dejar la decisión a la persona que tiene más información, aunque sin desentenderse por ello, ofreciendo siempre su ayuda y su consejo.

 

Hay un cierto paralelismo entre la hazaña de Kate y la de Ana-Lucía, quien haciéndose pasar por prisionera se hace con el arma de Sawyer y luego es sacada del pozo-prisión, se supone que para informar a sus compañeros. En ambas situaciones la que resuelve es la chica, demostrando tener recursos, ingenio, decisión y capacidad de actuar de forma rápida y efectiva. No siempre es tan fácil el equilibrio entre la disponibilidad para decidir y actuar en situaciones complicadas y la capacidad de asumir que la decisión y el protagonismo les corresponde a otros cuando ése es el caso. En un equipo es interesante poder contar con todas las posibles contribuciones de cada uno, pero también es importante actuar coordinadamente, dejando intervenir a los otros. En todo caso es importante evitar quedarse encasillado en un tipo de papel, ya sea en el activo o en el pasivo.

 

Amparo

 

 

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Lunes | Avril 10, 2006

2.2. A la deriva

 

La primera temporada de “Perdidos” terminó con dos explosiones paralelas (1.25). Ahora bien si por un lado la explosión de la escotilla desveló a los supervivientes un camino nuevo que se abría ante sus pies, –funesto o prometedor, según se mire–  la explosión de la balsa dejó a la breve expedición marítima, o más bien a lo que queda de ella, a la deriva: con un precario material flotante, sin posibilidad de maniobrar, sin recursos de ningún tipo salvo una pistola, Michael y Sawyer se encuentran a merced de las corrientes y de los depredadores del mar. Ambos están malheridos: Sawyer de una herida de bala en el hombro que no para de sangrar, Michael de una herida más insidiosa que le corroe todas las fibras de su ser, doblemente dolorosa además por ser reincidente: la pérdida de su hijo Walt.

 

Este personaje afronta la desgarradora situación como puede. Empieza echando la culpa de todo a Sawyer para terminar llorando desconsoladamente al admitir que la culpa es solamente suya. Y es que no es justo, el pobre Michael hizo cuanto le era posible para impedir que Susan se llevara al pequeño Walt de su lado, hasta que decidió que lo mejor para el niño era renunciar a sus derechos como padre. Años más tarde recobra a su hijo de la manera más insospechada y tiene que soportar ser tratado como un mal padre durante mes y medio, por culpa de malentendidos y por la mera falta de conocimiento mutuo y de práctica, en un entorno hostil donde ha hecho todo lo posible en todo momento para proteger a Walt. Y precisamente cuando todo empezaba a ir viento en popa en su relación paterno-filial, nuevamente le es arrebatado su hijo, y esta vez por parte de unos extraños desconocidos que podrían tener perversas intenciones. La angustia y la desazón de este pobre padre no podría ser mayor. Y sí, Michael, la decisión de construir esa balsa y de llevarte a tu hijo en ella fue cosa tuya y también tú asumiste el riesgo de encender la única bengala para hacer volver la señal que se alejaba en el radar.

 

En aquellas ocasiones de nuestra vida en las que somos golpeados por una desgracia, primero, resulta muy difícil meramente aceptar que algo así haya podido pasar y, segundo, lleva tiempo aprender a lidiar con la agresividad y con los sentimientos de culpa que la situación despierta en nosotros. Pero además Michael se encuentra a solas con Sawyer, que es el chivo expiatorio preferido de nuestros “perdidos”, aquél a quien todo el mundo echa las culpas cuando algo va mal (p.e. la falta de los inhaladores de Shannon, 1.8, el envenenamiento de Michael, 1.22). También porque a él le gusta el papel de ser la persona más odiada (1.5) y hace todo lo posible por merecerlo.

 

“¿O eres un héroe o quieres morir?”, es la pregunta que había hecho Michael a Sawyer sólo unas horas antes en la balsa (1.25). “No soy un héroe, Mike” contestó entonces nuestro antihéroe, quien ciertamente ha demostrado tener rasgos de una personalidad suicida (1.2, 1.8). Sin embargo los hechos se empeñan en demostrarnos que tiene madera de héroe, aunque, quizás por su empeño en ser el malo de la película o quizás muy a su pesar, no hay manera de que nadie reconozca sus heroicidades. “Hey, acabo de matar a un oso polar”, gritaba al ver que tras haberse jugado el pellejo en semejante hazaña en vez de alabanzas sólo levantaba sospechas por encontrarse en posesión de un arma (1.2). En este episodio le vemos salvando a Michael de ser ahogado, tratando de encontrar a Jin, sacándose la bala del hombro con sus propias manos, lanzándose a recuperar el pontón de la balsa –sabiendo que un tiburón perseguía el rastro de su sangre– para conseguir una base de flotación más estable tanto para Michael como para él, y sólo consigue reproches y acusaciones. Es probablemente la misma historia de lo que le ha pasado siempre, por lo que tampoco se deja amilanar mucho por ello, pero seguramente duele mucho en algún lugar profundo de su interior. Michael, Sawyer recibió la bala cuando sacó el arma intentando salvar a tu hijo (1.25).

 

En este espisodio se nos muestra también el primer encuentro de Locke con Desmond. Muchas de las preguntas que se hacen mutuamente quedan sin responder, ambos están intrigados por quién sea la otra persona pero no avanzan mucho en sus averiguaciones. Sus diferentes planteamientos y expectativas chocan entre sí, y además en Desmond prevalece la desconfianza hacia estos extraños que acaban de irrumpir de forma ciertamente violenta en su habitáculo. Han vivido 44 días en la misma isla pero en condiciones totalmente diferentes, con rutinas y tareas distintas, hasta con un horario distinto. El deseo de charlar y de intercambiar información (“¿Existe todavía el mundo ahí fuera?”) y recursos (¡Desmond tiene chocolatinas!) es secundario frente al sentimiento de desconfianza ante estos desconocidos.

 

Y por si el misterio del inquilino de la escotilla fuera poca novedad descubrimos al final de este episodio unos extraños habitantes de la isla que se aproximan a los “balseros” con cara de pocos amigos. Por si tenían pocos problemas de convivencia y tensiones entre sí nuestros supervivientes, los de ambas situaciones, ahora tienen que enfrentarse a terceros. Esperemos que las diferencias y desconfianzas entre Jack y Locke puedan relajarse un tanto de modo que por fin podamos avanzar un poquito más en el encuentro/desencuentro con Desmond. De modo análogo ¿conseguirán Michael y Sawyer dejar atrás sus diferencias y colaborar entre sí y con Jin ante la nueva situación de peligro que les acecha?

  

Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

 

- A veces las cosas salen mal. Un proyecto largamente acariciado en el que habías puesto todas tus esperanzas se va al garete. Una relación prometedora que estaba despertando lo mejor de tu persona se encuentra de pronto herida por malentendidos y tensiones que la hacen naufragar. De un momento para otro la situación ha cambiado tanto y tan inexplicablemente que se te caen todos los palos del sombrajo. Puedes echar las culpas a todos los demás implicados, o puedes dedicarte a maldecir por qué tomaste aquélla decisión o por qué dijiste aquélla inconveniencia o por qué no rectificaste a tiempo. Lo difícil es asumir responsablemente lo que ha pasado y sus consecuencias, y tras un período necesario de duelo por las ilusiones u oportunidades perdidas (o en el peor caso, por la pérdida de los seres queridos) aprender de la experiencia y buscar la manera de encauzar las propias energías de forma saludable, constructiva y a ser posible nuevamente ilusionante.

 

- “Total si yo no valgo para nada, si a mí nadie me hace nunca caso. Mejor me dedico a lo mío pues nadie me va a agradecer que haga nada por ellos”. Hay personas que se sienten así, quizás porque les han tratado siempre como si fueran un desastre. Pero todos somos valiosos, todos podemos ayudar, todos podemos ser héroes si se da la circunstancia. Y en nuestro mundo hay suficientes situaciones de emergencia como para que la aportación de cada uno sea realmente necesaria. Un consejo: si sientes que no tienes nada que aportar busca qué personas se sienten aún más inútiles y despreciadas que tú, ellas se sentirán encantadas de que les hagas caso y a cambio te regalarán un tesoro inapreciable, te harán sentir valioso y apreciado. Lo malo es que algunos viven esta soledad o desprecio de los otros de forma vengativa y destructiva. Pero seguramente que el ser más asocial y antipático podría también sorprendernos con alguna hazaña heroica si se diera la circunstancia apropiada.

 

- ¡Qué difíciles son los primeros encuentros con desconocidos! Sobre todo cuándo la experiencia de ambas partes es muy diferente, y peor aún si tienen que defender intereses enfrentados. Pero qué interesante es descubrir los enigmas de lo que son los otros y descubrir formas de colaborar para ayudarnos mutuamente.

 

Amparo

 

Correción tipográfica el 18 de Abril a las 14:46.

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Lunes | Avril 03, 2006

2.1. Hombre de ciencia, hombre de fe

El título nos induce a pensar que vamos a presenciar una nueva ocasión de antagonismo entre Jack y Locke, por la forma en que este último utilizó estos términos en el capítulo final de la primera temporada (1.25). De hecho la contraposición entre ambos personajes se va a mantener a lo largo del episodio llegando a un punto culminante en la escena final. Pero lo sorprendente es descubrir que se trata también de una cuestión interna que viene planteándose Jack desde hace ya algunos años y que ha llegado a ser una parte integrante de su persona.

 

Cuestión surgida por algo que sucedió en su pasado en relación con una intervención quirúrgica realizada por él y que curiosamente se encuentra en estrecha conexión con la situación actual en la isla: la aparentemente ‘milagrosa’ curación de su paciente (y futura esposa, 1.11). Jack vivirá unos momentos profundamente emocionantes al descubrir que Sarah no ha quedado paralítica, lo que incidirá de forma decisiva en el desarrollo posterior de su vida personal y su carrera profesional. Su estilo de ‘hombre de ciencia’ no va a quedar anulado por esta experiencia, pero como persona va a experimentar un fuerte impulso a vincularse profundamente con esta situación tan marcadamente satisfactoria de dos maneras: con su compromiso de por vida con la persona salvada (1.11) y con su compromiso interno de hacer todo lo posible y hasta lo imposible por salvar a los demás, más allá de toda esperanza razonable (como hizo con el comisario Edward Mars y con Charlie y Boone en espisodios anteriores, 1.2-3, 1.11 y 1.20). Nuestro doctor es un hombre que confía en la ciencia y la pone al servicio de la salud de los demás pero que precisamente estará dispuesto a poner en juego, en cualquier ocasión de emergencia, toda su capacidad y todos los recursos disponibles a su alcance, ya que le consta por esta excepcional experiencia que es posible esperar la curación de un paciente más allá de lo estrictamente razonable. Un hombre originalmente poco amigo de dar falsas esperanzas se ha convertido en el líder que sólo con su presencia sabe infundir esperanza en el grupo de supervivientes que ha aprendido a confiar en él.

 

La ‘fe’ de Locke tiene ciertos rasgos similares. Está marcada igualmente por el ‘milagro’ de la recuperación de la movilidad en sus piernas. Esto y su primera experiencia de encuentro con el ‘monstruo’ (desconocida en sus detalles para el espectador, pero aparentemente muy gratificante, 1.4) ha generado en él una fuerte vinculación con ‘la isla’ y un decidido compromiso interno de servir a las intenciones de la misma. No sabemos si ‘la isla’ (o alguna otra entidad que funciona en relación con ella) tiene realmente un ‘propósito’, pero el mismo Locke ha vivido momentos de duda excruciante respecto al sentido de lo que ‘la isla’ espera de él. La caída de la avioneta y posterior muerte de Boone fue un signo terrible que no sabe cómo integrar en su ‘fe’, sobre todo porque inmediatamente antes había sufrido una amenazadora regresión de sus piernas a la insensibilidad. Aquella noche acudió desesperado a la escotilla, como quien acude a un ‘santuario’, buscando respuestas (1.19). La otra ocasión en que su ‘fe’ fue puesta a prueba fue su segundo encuentro con el ‘monstruo’, durante el cual, aunque la expresión de su rostro nos dejaba ver el terror que le invadía, adoptó valientemente la disposición de doblegarse sin resistencia a lo que percibía como una nueva prueba (1.25). Esta actitud confirmó las sospechas de Jack de que Locke se estaba convirtiendo en un problema, ya despertadas por su extaño comportamiento con ocasión del accidente de Boone (1.19).

 

Nos encontramos pues ante dos ‘milagros’ paralelos y ante dos vivencias internas de gran intensidad que han desembocado en la generación de compromisos muy fuertes de ambos personajes, aunque en diversos sentidos. Y ambas situaciones convergen en la escotilla que acabamos de abrir y en el búnker que hemos empezado a explorar. Un personaje misterioso hace de catalizador entre estas dos experiencias y el momento actual: Desmond. La confrontación entre los tres hombres, en el entorno de una extraña construcción subterránea que parece haberse quedado anclada en el pasado, evoca la confrontación de cada uno de ellos con sus recursos más profundos a la hora de actuar ante una situación tan sumamente crítica. Jack, desbordada su capacidad de raciocinio por descubrimientos que limitan con lo increíble y absurdo y abrumado por su desconfianza hacia la forma de pensar de Locke, focaliza su atención en algo que es lo más importante para él, en consistencia con sus opciones del pasado, la urgencia de garantizar la seguridad de Kate por encima de ninguna otra cosa. ¿Está ella en peligro, como en su día lo estuvo Boone, por haber querido seguir los pasos de alguien guiado por una ‘fe’ ciega? Locke, por su parte, quien ‘cree’ que por fin se encuentra en el núcleo donde se anudan los destinos de todos ellos (1.25) y donde él ‘cree’ haber sido especialmente llamado a estar, hace alarde de una sorprendente seguridad interior al afrontar casi impávido las armas que los dos hombres apuntan simultáneamente hacia él, confiando en que sólo ocurrirá aquello que ‘la isla’ en su sabiduría ha destinado para ellos. Indudablemente su extraña ‘experiencia’ le ha dado a Locke la serenidad y determinación que hacen tan asombroso a este personaje, pero ¿no podría ser su ‘fe en la isla’ una enorme trampa que le arrastra inexorablemente a una situación insostenible entre dos fuegos enemigos?

 

Desmond  personifica de momento para nosotros un gran signo de interrogación, en torno a él surgen todo tipo de preguntas. Este personaje, encerrado bajo tierra con una señal de “cuarentena” en la puerta, intenta recuperar el control de su habitáculo tras haber visto sacudida su rutina habitual por una inesperada explosión. Nuestros supervivientes ‘perdidos’ confrontan en él una de las muchas incógnitas que esconde la isla y que, como ya intuíamos desde la primera temporada, parecen tener una relación oculta con los momentos de su vida pasada que nos van siendo desvelados, junto a sus peripecias isleñas, episodio tras episodio.

 

Mientras tanto la visión que tiene Shannon, rodeada de inquietantes murmullos en la selva, de un Walt empapado que habla enigmáticamente, nos hace temer con Sun por la suerte de los que partieron en la balsa y sobre todo por la suerte del muchacho raptado. Los asustados supervivientes permanecerán despiertos toda la noche, en una tensa espera: rodeados por la oscuridad de las cuevas, por la oscuridad de la jungla y por la oscuridad del mar esperan (como nosotros) que el amanecer traiga respuestas a los numerosos misterios planteados en esta interminable noche.

  

Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

 

- La fe (en el sentido de vivencia existencial) puede manifestarse como un compromiso interno adquirido a partir de una experiencia en la que se ha creído recibir un don extraordinario. Funciona como fundamento profundo de las actitudes vitales de una persona.

 

- En esta noche oscura y misteriosa de la isla los supervivientes que han acudido a las cuevas encuentran esperanza en la actitud confiada de su líder. La esperanza tiene mucho que ver con una relación personal de confianza en alguien que ha demostrado suficientemente que se preocupa por uno y que sabe lo que se trae entre manos. La esperanza a su vez, al igual que la fe, es capaz de poner en juego lo mejor de la persona en un momento de crisis.

 

- La dialéctica de la fe: por su atractiva promesa de dotar de sentido último a todos los aspectos de la vida es capaz de impulsar más allá de los límites humanos hacia fines o bien altruistas o bien destructivos. Puede sacar tanto lo mejor como lo peor del ser humano. Es necesario contrastar la fe personal en un ámbito más allá de la propia subjetividad, por los riesgos de caer en una ‘fe’ engañosa y destructiva.

 

- ¿Podríamos decir que la fe y la ciencia se equilibran mutuamente? Ciertamente no tienen por qué oponerse, Jack es un hombre de fe a su manera; Locke es también a su modo un hombre de ciencia (conoce todos los detalles de la vida y costumbres de los jabalíes, p.e.) La ciencia consigue obtener el mayor conocimiento y aprovechamiento posible a partir de los datos disponibles en la realidad, pero no es capaz de revelar el sentido último de las cosas. La fe consiste en una actitud de confianza o apoyo total en un valor o verdad transcendente, lo que dinamiza enormemente y da un sentido último a la vida humana, pero debe ser contrastada por los datos de la realidad y en el caso de la fe religiosa, por la comunidad religiosa y los datos espirituales que dicha comunidad considera bien fundamentados a partir de su experiencia y tradición, para evitar el autoengaño.

 

Añadido el 4 de Abril a las 20:45:

Para los interesados en el diálogo entre las ciencias y las religiones:

http://www.upcomillas.es/catedras/ctr (Cátedra de Ciencia, Tecnología y Religión)

http://www.metanexus.net  (Metanexus Institute)


 
Amparo

(Editado el 11 de Abril a las 00:05 para corregir formato)

 

Comentario añadido el 14-9-2006: 

 

En este episodio tiene un protagonismo especial la canción que Desmond pone en el tocadiscos, al principio y al final del mismo. La he traducido al español, libremente.

 

Make your own kind of Music – Haz tu propia música

Mamma Cass Elliot (Barry Mann & Cynthia Well) Para leer la letra completa en inglés: casselliot.com 
  • "Nadie puede decirte que sólo merece la pena cantar una canción. Pueden intentarlo, porque les molesta que haya alguien como tú. Tienes que hacer tu propio estilo de música, cantar tu propia canción, hacer tu propia música, aunque nadie más cante contigo. Estarás en un lugar solitario, el más solitario del mundo. Puede ser duro, lo más duro es poder ser tú mismo. Si no puedes coger mi mano y debes partir, lo entenderé. Tienes que hacer tu propio estilo de música, cantar tu propia canción, hacer tu propia música, aunque nadie más cante contigo."   

 

Probablemente la canción es especialmente significativa para Desmond, pero también en este episodio Locke se ha sentido impulsado a seguir su propio camino aunque fuera a contracorriente. Él ha tenido la suerte de que Kate se ha sentido obligada a acompañarle para no dejarle solo, y luego, Jack, también ha creído necesario acudir al peligro al que se dirigía Kate. Entre estos tres se ha creado una cierta solidaridad, a pesar de las diferencias. Sus destinos están más unidos de lo que ellos mismos quisieran. También ahora están unidos en cierto modo al destino de Desmond.  

 

Por otro lado contrasta que el novio de Sarah la abandone cuando ella parece quedarse paralítica. Ante la joven se abre un mundo totalmente desconocido, que tiene que aprender a sobrellevar, aparentemente en soledad. Pero ella toma la iniciativa, no de cantar su propia canción, pero sí de bailar en su boda a su propio estilo, aunque sea en silla de ruedas. La recompensa es que Jack va a sentirse atraído hacia esta mujer tan especial. No va a quedarse paralítica ni sola. El principio de solidaridad de Jack: vivir juntos para no morir solos, contrarresta la soledad a la que normalmente se ve abocado el que quiere –o se ve obligado– a seguir su propio camino, como indica la canción.

 

 Amparo

(Editado el 14-9-2006, a las 12:31, para añadir el último párrafo del comentario).

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PERDIDOS ENTRE MISTERIOS Y SORPRESAS

 

Hoy empieza a televisarse en España la segunda temporada de la serie “Perdidos”. Algunos echábamos de menos la isla plagada de misterios y de personajes que ocultan fascinantes sorpresas. Con las diversas tramas que cada vez se van enredando más y las numerosas cuestiones que sucesivamente van siendo planteadas, sin olvidar las sutiles pistas que se ofrecen al espectador en el lugar y momento más inesperado, esta serie presenta un gran potencial para incitar a la investigación de los temas más variopintos y para promover la reflexión y el debate en muy variados ámbitos del pensamiento y la experiencia humana.

 

Tras haber disfrutado de interesantes conversaciones en relación con la primera temporada de “Perdidos”, pretendo explorar un nuevo ámbito de comunicación dando comienzo a este cuaderno o blog de reflexiones semanales, inspiradas por cada episodio a partir del primero de la segunda temporada de esta serie.

 

El tipo de temas abordado irá cambiando, pero en general me interesa analizar la experiencia humana en sus diversas facetas, sobre todo en relación con el misterio y las sorpresas que uno puede descubrir en cualquier momento en el transfondo de su propia vida. La situación extrema en la que se encuentran los protagonistas de la serie hace que su vivencia sea más aguda o más dramática de lo habitual, pero muchas de las experiencias que ellos viven tienen mucho que ver con nuestra vida diaria. Si miramos hacia atrás (en un “Flashback” al mejor estilo de “Perdidos”) podemos descubrir en nuestras vidas pequeñas pistas de lo que somos en profundidad o de lo que algún día podremos llegar a ser, o grandes cambios inesperados que nos trajeron consecuencias de todo tipo. La vida de cada uno es igualmente misteriosa y fascinante, si elegimos entenderla en esa clave.

 

Para que mis posibles lectores puedan situarse mejor ante mis reflexiones permitidme constatar aquí que tengo formación universitaria tanto en ingeniería como en teología, y que me interesa especialmente el diálogo entre las ciencias y las religiones, así como las perspectivas de otras ciencias humanas como la psicología, la historia y la filosofía.

 

Tras esta breve introducción quiero dar la bienvenida a todos los que os sintáis atraídos por este tipo de reflexión y desearos que disfrutéis mucho con esta nueva temporada de “Perdidos”.

 

Pero antes de empezar, por favor tened en cuenta las siguientes observaciones:

 

Voy a empezar mis reflexiones con el primer episodio de la segunda temporada, que empieza a ser televisada en estas fechas en España. Al escribir sobre cada episodio utilizaré información del mismo y de cualquier episodio previo, también de la primera temporada, pero no comentaré nada de los episodios siguientes, aunque existe mucha información sobre ellos en internet, debido a que antes que en España ya han sido televisados en Estados Unidos y en varios otros países. Mi intención es que diversas personas que pudieran acercarse a este blog en un futuro, siguiendo la serie a un ritmo diferente, puedan leer los comentarios sin temor a encontrarse con inadvertidos “spoilers”o desvelamientos de la trama de episodios posteriores. Pido por tanto a aquellos lectores que quieran escribir comentarios, se limiten igualmente a escribir sobre lo revelado en el episodio que está siendo tratado en cada ocasión o cualquier episodio anterior al mismo, o si bien quieren comentar algo de episodios posteriores marquen con la palabra SPOILER su comentario. ¡Muchas gracias!

 

Amparo

  

NOTA: Si te interesa la serie y la reflexión sobre la misma espero que hayas visto ya la primera temporada completa, ya sea por la programación televisiva o por haber visto los DVD’s. Si no, mi consejo es que consigas los DVD’s y te veas toda la primera temporada, para poder seguir después adecuadamente la segunda temporada con las nuevas reposiciones de la misma en televisión o la futura colección de DVD’s. No tiene mucho sentido empezar a ver la serie por la segunda temporada sin haber visto la primera.

  
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