2.4. Todos odian a Hugo
“Ahora todo va a cambiar”. ¿Pero para bien o para mal? Es la misma pregunta que nos hacemos los espectadores. La serie no puede ser la misma que ha sido hasta ahora si los supervivientes perdidos en una isla inhóspita van a tener acceso habitual a comodidades como una ducha, lavadora, secadora, tocadiscos… ¡y una despensa llena! La apertura de la escotilla y la exploración del búnker ha dado paso a una etapa nueva en su situación y como consecuencia algunos deberán afrontar un fuerte cambio. Vimos ya en el episodio anterior la decisión que asumieron Locke y Jack, y en este episodio Hurley se convierte en un eslabón más en la cadena de nuevas responsabilidades que se va extendiendo al resto del personal. Sólo que Hurley, debido a su experiencia previa, tiene sus propias dificultades para asumir la nueva posición en la que se ha visto involucrado. Para él lo más importante son sus relaciones con sus amigos, ser apreciado por todos. Es el buen chico que siempre está dispuesto a ayudar a quien lo necesite, como nos lo ha demostrado suficientemente desde su apoyo a Claire y Jack en los primeros episodios de la serie y especialmente por su atención a la delicada situación de Charlie en 1.16 o de Jin, quien no había sido especialmente amigo suyo, en 1.17. Hurley ha sabido ganarse el afecto de todos, como la misma Rose le indica, pero teme que esto va a cambiar muy rápidamente. Con todo su ser rechaza el papel de duro, del que tiene que decir que no a unos y sí a otros ganándose así enemigos (lástima que Sawyer se encuentre en el otro lado de la isla, pues éste es exactamente su rol preferido, aunque quizás sus criterios serían algo cuestionables). Nuestro voluminoso amigo no tiene buenos recuerdos de lo que ocurrió cuando ganó la lotería (incluso antes de hacerse consciente de la maldición o gafe asociado a los números), hubiera preferido que no le tocara ese dinero y mantener el tipo de vida que llevaba; por eso esta vez tiene tan claro que prefiere destruir la comida a revivir acontecimientos similares a los de entonces. Y no porque no le guste comer, quizás precisamente porque le gusta demasiado. Su experiencia le ha hecho desconfiar de los cambios, especialmente de aquellos que parecen traer lo que uno más necesita; sabe que la aparente bendición se puede tornar en maldición por el drástico cambio que implica en las relaciones humanas.
La comida en el búnker es ciertamente una riqueza para los supervivientes. Necesitan una dieta más variada y ¿quién no echaría de menos las patatas fritas o las barritas de chocolate? ¿Tiene derecho Hurley a destruir toda esa comida para quitarse el muerto de encima? ¿No le hubieran odiado todos precisamente más por eso? Pero afortunadamente, con ayuda de la serenidad y el buen sentido aportados por Rose, llega a la solución acertada: repartir la comida para que todos puedan disfrutar de ella en un banquete (sólo faltó el jabalí para convertirse en la típica comilona que suele rematar cada aventura de Astérix). Como en el caso del campo de golf (1.9), Hurley –con su peculiar modo de pensar en principio tan distinto de la lógica aplicada por Jack– vuelve a acertar con una solución apropiada para todos. Si Jack prioriza las necesidades fisiológicas y sanitarias básicas, Hurley pone el acento en mantener los sentimientos y relaciones de los supervivientes en un nivel satisfactorio. Y ambas cosas son importantes.
Y mientras la exploración del búnker se convierte en una fuente de sorpresas (Sayid y su minuciosa investigación de las paredes de cemento tipo Chernobyl, Kate y su voluntario chequeo de la instalación de agua caliente, Jack y su inesperado encuentro con el origen de los extraños ruidos en las tuberías) el mar deposita en manos de Claire un testigo silencioso del desencuentro de los cuatro navegantes con los “otros”. La botella de mensajes, salvaguarda simbólica de las ilusiones y esperanzas puestas por todos en un próximo rescate, vuelve a la playa al día siguiente de haber partido. Sun no sabe qué hacer con esta única noticia, en sí ambivalente, que tiene de Jin. El búnker y todas las novedades (o antiguallas) que contiene, convertido de la noche a la mañana en centro del interés de todos, logra eclipsar ante los demás la angustia que esta botella ha despertado en nuestra sufrida coreana. Ella opta finalmente por enterrarla en la arena, no quiere que los mensajes que porta, que ya nunca podrán llegar a su destino, se conviertan en una mala noticia para los demás. Sufrirá en silencio su preocupación por el marido que un día fue incapaz de abandonar (1.6).
En el otro lado de la isla encontramos otro búnker (no tan bien equipado) y a los supervivientes de la cola del avión decidiendo a su vez qué hacer con los tres náufragos que el mar ha depositado en su playa. En este caso optan más bien por desenterrarlos –sacarlos del pozo, quiero decir– y aceptarlos, aunque aún algo reticentes, en su comunidad. La mayor reticencia, o mejor dicho, el encontronazo más violento, se da entre Ana Lucía y Sawyer (en fuerte contraste con el agradable coqueteo que hemos presenciado entre Jack y Kate). El timador timado va a llegar al límite de su paciencia tras sufrir golpe tras golpe por parte de una enfurecida “Rambina”. La suerte está mal repartida entre ambos lados de la isla: la abundancia de unos destaca ante la escasez de los otros. De entre los “colistas” y “balseros” sólo Bernard podrá quizás un día catar la gastronomía de Dharma, por medio de la chocolatina que Rose, con su inquebrantable fe, ha guardado para él. Las dos esposas por un lado y los dos maridos por el otro, acordándose cada uno de su pareja, junto con los respectivos logos de Dharma de las estaciones “Cisne” y “Flecha”, consiguen crear una cierta vinculación entre estas dos situaciones tan dispares. La expedición de la balsa ha demostrado ser útil después de todo en establecer un contacto con otra gente, pero no tanto para ser rescatados como para quizás ser capaces de rescatar, dado el caso, a los pobres supervivientes de la cola de su aislamiento y precariedad. Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:- La experiencia y circunstancias de cada uno pueden hacer que nuestra reacción ante un determinado cambio inminente sea o bien de temor o bien de alegría expectante, o una mezcla de ambos. Lo que este episodio nos recuerda es que aún el cambio aparentemente más benéfico puede traer consecuencias desagradables. Nos invita a mirar y evaluar todas las vertientes de una transformación esperada: no sólo el aspecto tangible sino también el relativo a los sentimientos y relaciones entre las personas implicadas. Una situación nueva crea tensiones nuevas. De todos modos lo aconsejable es afrontar el cambio de una forma consciente, crítica y creativa, no huir de él ni boicotearlo desde un miedo irracional al mismo.
- Desde la valoración de diversas perspectivas puede darse el caso de que resulte más coherente renunciar a un bien que se nos ofrece que aceptarlo. Eso está muy claro en algunas ocasiones: por ejemplo en el caso de la alimentación, sabemos que es mejor renunciar a ciertos manjares o bebidas en exceso, por cuestiones de salud. Igualmente puede ser necesario, en algunos casos, renunciar a un determinado premio, a un prometedor puesto de trabajo, a una relación interesante… por salvaguardar la serenidad, las relaciones familiares o algún otro valor que resulte amenazado.
- A veces la vida da tantas vueltas que nos encontramos en una situación opuesta a la que esperábamos. Querríamos que alguien nos ayudara y tenemos más bien que ayudar a otros. Enviamos un mensaje a alguien y nos es devuelto sin abrir. O no esperamos ya nada de nadie y de repente se nos regala un nuevo grupo de amigos, o una nueva oportunidad interesante. La vida es mucho más sorprendente y está más llena de novedad de lo que solemos pensar, acostumbrados como estamos a calcular y preveer todos los detalles. El tiempo meteorológico, en su relativa impredicibilidad, simboliza perfectamente esto: el día mejor planeado se estropea por un chaparrón imprevisto, o por otro lado, la tarde más aciaga se nos puede alegrar por un repentino arco iris, una hermosa puesta de sol o unas brillantes estrellas.
Amparo
1-5-2006: Editado para corregir formato.4-5-2006: Constatado un error: La botella no aparece en la playa al día siguiente de la partida de la balsa, sino que han pasado dos días.

