2.13. El gran timo

2006 June 28
Posted by Amparo

Las rayas del tigre nunca cambian. El sorprendente modo de proceder de Sawyer tampoco. Nos encontramos en este episodio con cinco personajes que quieren tener acceso a las armas, aunque por distintos motivos. Locke y Jack quieren controlarlas para evitar un mal uso de las mismas, el problema es que cada uno de ellos desconfía de los criterios que guían al otro en sus decisiones. Ana y Jin las quieren para proteger a su gente, porque al haber vivido más de cerca los –supuestos– ataques de los ‘otros’ están más sensibilizados y motivados hacia una acción ofensiva, o al menos defensiva. Sawyer, disimuladamente atento a todo el panorama de motivaciones que presentan sus compañeros de infortunio, diseña un escenario (teniendo en cuenta las motivaciones de los personajes mencionados, más las de Charlie y Kate) que le permite manipular la situación para hacerse con el control de este bien tan codiciado.


 

Las armas, las medicinas y la heroína se han convertido en un material crítico para nuestros perdidos. Locke se apresura a configurar la cámara de seguridad del búnker como medio de control a su favor, pues él es el que sabe cómo cambiar el código. Jack le insta a compartir este control con él. El mismo Locke que animó a Jack en su día a asumir el liderazgo de los supervivientes (1.5) se resiente ahora de la patente desconfianza del doctor hacia él. Ya en el episodio 1.23 se echaron en cara mutuamente la ocultación de información relevante: la disponibilidad de armas en el maletín del comisario (1.12, 1.15) o el descubrimiento de la escotilla (1.11, 1.23). “Hay muchos barrancos en esta isla”: si Locke estaba aludiendo a aquella vez que salvó la vida de Jack (1.5), Jack responde aludiendo a la muerte de Boone (1.19 y 1.20), a la mentira e inexplicable ausencia de Locke en aquellos momentos terribles de la agonía del que había sido su aplicado ayudante, ocasión en
la que Jack se sintió definitivamente traicionado por el veterano explorador. Nunca ha vuelto a confiar en él, aunque en mi opinión Locke ha seguido admitiendo el liderazgo de Jack y sólo ha pretendido recuperar su puesto de cualificado consejero a su lado.

 

Por otro lado ya sabemos que Ana le tiene afición a las armas y sólo la delicada posición que ocupa en el nuevo campamento la retiene de exigir más abiertamente su uso. Trata de ejercer una cierta influencia sobre Jack, en la medida en la que éste se deja, sobre todo por el papel que él mismo le ha concedido a la ex-policía de asesora en cuestiones defensivas (2.11). El esforzado doctor, desde el encuentro en la selva con el secuestrador de Walt, no está dispuesto a dejar sin respuesta la más mínima provocación de los ‘otros’. Jin por su parte tiene una cierta vena violenta (1.6), y está acostumbrado, probablemente a su pesar (1.17), a resolver cierto tipo de problemas recurriendo a la fuerza. Ante la situación que se plantea tras el ataque sufrido por Sun, Kate, temiendo la influencia de Ana sobre Jack, se alinea más bien con Locke y prefiere colaborar con él a evitar una precipitada acción armada. Sólo que no se da cuenta de hasta qué punto su posición ha sido prevista y sibilinamente orientada por la astucia de Sawyer.

 

Éste aparentemente no ha jugado más papel en el entuerto que socorrer a la pobre coreana que había sido atacada en su jardín. Pero al final se revela que, como siempre, sus motivaciones son cualquier cosa menos adivinables (1.8). Su aparente indiferencia ante el juego de poderes en la comunidad isleña se trata de una mera farsa para alejar sospechas. A Sawyer le gusta contar con mercancías que le hagan imprescindible en el poblado de la playa, y cuanto más críticas las mercancías mejor. Se ha acostumbrado a hacerse valer por lo que tiene, no por lo que es. Y sabe cómo conseguir incluso los bienes más codiciosamente custodiados. La clave está en hacer que los demás le pidan a uno que haga algo, haciéndoles creer que es idea suya. Dejando caer una sugerencia aquí y allá, como quien no quiere la cosa, y cuidando los detalles, Sawyer sabe que puede engañar a cualquiera. Esperemos poder tener alguna ocasión de contemplar cómo emplea sus malas artes contra los verdaderos enemigos del grupo en vez de contra los suyos.

 

Porque el problema del doble juego de Sawyer es que está acostumbrado a engañar a las personas más cercanas. Ha jugado demasiadas veces a fingir estar enamorado del blanco de sus timos. También se ha acostumbrado a aceptar sin rechistar las culpas que le imputan los otros, tratando de sacar ventaja del malentendido así ocasionado (1.8). El peligro de fingir sentimientos tan a menudo es que llega un momento en que uno mismo no es capaz de distinguir los verdaderos de los falsos. Los sentimientos ya son de por sí lo bastante esquivos como para que no siempre podamos identificarlos correctamente. En los dos timos que observamos en este episodio, el de la isla y el de su pasado, seguramente que en su interior los sentimientos de afecto y de complicidad por Cassidy o por Kate luchan por vencer a su deseo de salirse con la suya en el timo planeado. Es posible que llegara a plantearse abandonar el plan por no fallarle a una amiga que ha confiado en él, por mantener una relación prometedora, pero ya sea por un deseo de demostrar su ‘superioridad’ consiguiendo el objetivo de su manipulación, o por una radical desconfianza en la posibilidad de ser amado, el caso es que le es más cómodo pensar que él no puede hacer nada bueno y que no puede cambiar. De modo que engaña tanto a Cassidy como a Kate, lo que le sirve probablemente como excusa para alejar de sí a esa persona que le gusta y no tener que pasar por el trance de averiguar si realmente ella llegaría a amarle alguna vez. Ha elegido arriesgar su relación de amistad con Kate para obtener el poder asociado a las armas. Precisamente el tipo de elección que podría ejercer una influencia nefasta en Charlie si lo toma como ejemplo. Al menos Charlie, a pesar de haber colaborado con él, está tan avergonzado de su ataque a Sun que no quiere que los demás se enteren. El pobre drogadicto no ha renunciado a ser una buena persona y a ser reconocido alguna vez como tal. Esperemos que tampoco renuncie a recuperar algún día su amistad con Claire.

 

Mientras tanto, Sayid, otro de los habituales líderes del grupo, está siendo rescatado por el bueno de Hurley del ensimismamiento en el que le ha sumido la pérdida de Shannon. Esperemos que estos dos personajes, que normalmente presentan tendencias conciliadoras, colaboren a reestablecer la paz y la confianza interpersonal en el campamento de nuestros perdidos.

   

Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:

 

- A Sawyer le es más fácil asumir que los demás le odian, refugiándose en un papel vengativo y egoísta, que participar de una forma cordial y responsable en la vida cotidiana del grupo. Es posible que estuviera enamorado de Cassidy y situándose en su actitud autodespreciativa decidiera engañarla para salvarle la vida y para alejarla de él, como un bien para ella por ser él tan malo, pero es igualmente posible, que bien aposentado en su predominante actitud de resentimiento vengativo disfrutara sencillamente de haberla vencido con su ingenio, de no haberse dejado ‘debilitar’ por su atracción hacia ella. La declaración de amor cuando la incita a escapar de la casa, en este caso fingida, sería la guinda del pastel que remata su completo engaño. En Sawyer están presentes ambas tendencias, y en sus acciones actúan ambas a la vez, de manera que probablemente ni él mismo sabe por qué hizo aquello realmente. Pero él elige interpretar su comportamiento de una manera concreta: “nunca he hecho nada bueno”, luego soy una mala persona y además, como las rayas del tigre, eso es algo que no puedo cambiar, esta interpretación le lleva a consolidar esta manera de actuar. Es la ‘perla’ de sabiduría que le regala su cómplice, a su vez interesado en conseguir con ello una determinada acción de nuestro timador. Pero hay otras tendencias en el complicado antihéroe de nuestra isla, que no pudo timar a Jessica y a David una vez que vio que tenían un hijo pequeño (1.8), o que ha ayudado a unos y a otros en la isla y en la balsa en situaciones de emergencia, como hemos resaltado otras veces. El problema es que en este momento ha elegido privilegiar la interpretación de que es una mala persona y actuar en consecuencia, ha elegido privilegiar el placer de engañar a todos, en vez de el de alimentar unas relaciones cordiales con sus compañeros. Las interpretaciones que hacemos de nuestros actos, muchas veces surgidos a partir de motivaciones complejas, tienden a simplificar la cuestión y traen como consecuencia una consolidación de las actitudes elegidas.

  

Amparo

 

Comentario añadido el 2 de Noviembre de 2006: 

En los capítulos 12 y 13 visitamos el lado oscuro de dos de los supervivientes más atormentados de nuestra isla. Charlie, con el bebé en los brazos, ha echado en cara a Locke que él no es quién para decidir nada con respecto a Aaron, afrontando las lágrimas de angustia de Claire y la mirada condenatoria del campamento entero: “Tío, no te lleves al bebé a espaldas de su madre y no pongas en peligro de incendio las pocas cosas que tenemos. Deja de comportarte así o tendremos que tomar medidas desagradables”. Tres buenos puñetazos dejan los sueños salvíficos del rockero por los suelos y Charlie tendrá que seguir viviendo en medio de esta comunidad con la vergüenza de este extraño comportamiento que nadie ha entendido.

 

Sawyer, sin embargo, a quien no se le escapa nada, saca de esta situación el cómplice que necesita para su plan. Ambos actúan por resentimiento: Charlie contra John por haberle vencido en esa escena tan desagradable; Sawyer contra Jack por quitarle los calmantes, contra Sayid porque le torturó, contra Ana por sus maltratos… contra todos los que se dividieron las cosas que él almacenaba. El empedernido timador se siente impulsado a hacerles pagar lo que le han hecho, disfruta haciéndoles sentir mal, aunque sabe que con esta acción convierte en enemigos a todas las personas de su entorno (excepto quizás a Kate), que son todas las que hay en muchos miles de kilómetros a la redonda (excepto los temidos ‘otros’). Es la actitud del que no espera nada de nadie, del que no cree en la amistad ni en ningún tipo de buena voluntad, del que cree necesario hacerse respetar demostrando que puede engañar a todos. Es curioso cómo este hombre está dispuesto incluso a sufrir con tal de incordiar a los demás, y cómo le encanta hacer ver a todo el mundo que es verdaderamente malo y de poco fiar. Quizás porque tenga que demostrárselo sobre todo a sí mismo.

 

Es lógico que el que ha aprendido a no esperar ninguna mano amiga persiga una estrategia que le permita disponer de mercancías de valor, que le concedan poder. Es la estrategia del que entiende la vida como la supervivencia del más fuerte o del más astuto, del que ha debido sobrevivir en una ‘selva’, continuamente atacado por todo tipo de ‘fieras’, desde que, huérfano e inexperto, se metió en su primer lío al final de la adolescencia (1.8).

 

Amparo

 

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