2.8. Choque
¿Cuáles son los peligros de jugar al golf? Una pelota perdida que cae en el depósito del agua potable (y podría haber golpeado a alguien), perder una gran cantidad de dinero (eso Hurley se lo puede permitir), la posibilidad de que una persona más inexperta pero muy habilidosa te haga quedar mal (eso sí, aprovechando la ocasión para un cierto flirteo) o que una pelota mal dirigida te obligue a internarte en la selva y mojarte los pies en el arroyo… para encontrarte de pronto con un tiarrón enorme y desconocido que se te acerca silenciosamente por la espalda. ¡Menudo susto!
No hay tiempo para muchas explicaciones, porque Sawyer requiere inmediata atención médica. Pero las sorpresas no han acabado ahí para nuestros ‘perdidos’ en este día tan especial. Sawyer está gravemente herido de bala, pero resulta que Shannon acaba de morir por un disparo equivocado y que alguien retiene a Sayid, Michael y Jin contra su voluntad en la selva a punta de pistola (ante semejante situación la noticia de que el pobre Walt ha sido raptado queda un poco soterrada). Jack se siente impulsado a tomar acción inmediata para salvaguardar la seguridad de toda su gente y se exaspera ante el silencio y la falta de cooperación del extraño Mr. Eko, cuando la mención de un nombre conocido le hace de pronto tomar conciencia de la terrible tragedia interna que debe estar viviendo la persona responsable de tal desaguisado: Ana-Lucía.
Ana siente que está sola contra todos. Se aferra a su arma (la que le ha quitado a Sayid) como un último refugio desesperado. Las circunstancias la han llevado a tener que enfrentarse a la misma situación que vivió en Los Angeles pero desde el lado contrario. Ahora es ella la culpable de haber matado a alguien que otra persona ama y la misma forma de pensar de entonces le indica que no hay perdón posible, que en la mente del iracundo árabe que mantiene atado su sentencia de muerte ha sido ya dictada. Lo terrible es que percibe como una amenaza cada intento de reconciliación iniciado por los que hasta ahora han sido sus amigos, las personas a las que ella se ha dedicado a proteger en cuerpo y alma durante mes y medio. En su conciencia ha pasado de “defensora de los débiles” a “enemiga pública número uno”, de oficial de policía a sentirse en la piel del delincuente al que han pillado con las manos en la masa y que no tiene salida. Poco a poco va asumiendo el abandono de Eko (que pone ante todo la supervivencia de Sawyer), el desafío de Michael a la autoridad de su pistola (pues se siente principalmente ligado a Sayid en su pérdida), la incomprensión de Libby y las prisas de Bernard por reunirse con Rose. Entiende que es así, que su camino es seguir sola, que no hay redención posible ante
la comunidad. O quizás deba matar, o dejarse matar, esa es otra posible salida…
Lo que ella no esperaba es que precisamente Sayid es quien mejor la comprende. Porque ha llegado a la misma conclusión: que ya no le importa morir. Porque desde su propio sentido de culpabilidad, de que quizás merece él mismo –ella misma– la muerte, ha superado las ansias de venganza. Matar a la persona que te ha arrebatado lo que más querías no arregla la situación, sino que la empeora. ¿Qué buscas conseguir con las armas? – diría Eko– ¿paz, venganza, justicia? Nada de eso se consigue, sino más muerte, tanto para el que muere como para el que mata. Dejar las armas en el suelo –o en el búnker– es el primer paso para salir del atolladero. No estás sola, Ana-Lucía, Eko y Jack han salido a tu encuentro para ayudarte a superar el conflicto y para aceptarte, con tus aciertos y desaciertos, con tus virtudes y tus defectos, en la nueva comunidad formada por ambos grupos de supervivientes del vuelo 815. La opción que tú cerraste para siempre para el que acabó con tu bebé nonato y alejó de este modo definitivamente a tu pareja, la oportunidad de redención y de empezar de nuevo, se te está dejando abierta.
También ha sido acogido de vuelta a casa Sawyer; el que partió porque ya no le quedaba nada en la isla que le importara (1.22) es cuidado con todo el mimo por quien en este tiempo descubrió que le echaba de menos (2.5). Kate ya ni se acuerda de que Sawyer desveló su secreto públicamente ante los otros (1.22), ante una cuestión de vida o muerte las pequeñas rencillas quedan relegadas al olvido. Como están totalmente olvidadas las desavenencias entre Jin y Sun, cuyo reencuentro finalmente presenciamos junto al tan largamente esperado abrazo entre Rose y Bernard. Ante tanta emocionada alegría contrasta la confusión que podemos imaginar en el pobre Vincent, quien no puede entender por qué ha vuelto Michael pero no su querido amo Walt, y por qué tampoco su amiga Shannon está ya con ellos. Mientras tanto, Sayid, reencontrada su paz interior y ya desatado, abraza en silencio su dolor e inicia el camino de vuelta a la playa con la terrible carga de su amor destrozado apretada a su pecho.
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
- Perdón o venganza. Cuestión dificílisima en la que se juega la vida y la muerte de muchas personas, pero sobre todo la esperanza y la posibilidad de empezar de nuevo tanto de individuos como de pueblos enteros. Es inevitable que ocurran accidentes, que se den situaciones tensas en las que alguien resulte dañado, que una persona en un momento difícil tome una decisión equivocada, pero a la hora de afrontar las consecuencias de estas situaciones la venganza es siempre un enorme desacierto. Se trata de la incapacidad de perdonar, de la imposibilidad de asumir el daño recibido y las posibilidades desaparecidas buscando una salida hacia delante. El que quiere vengarse se queda aferrado a su dolor y no encuentra más consuelo que causar un dolor semejante al responsable del mismo. Qué distinto sentimiento embarga en cambio al que siendo responsable de un mal, o de un cierto malentendido o terrible desaguisado, se ve inesperadamente perdonado. Desde la conciencia de los propios defectos y de las muchas veces que uno se ha equivocado es más fácil comprender los fallos de los demás. Y si uno se ha visto perdonado tiende a perdonar también a los otros. El perdón genera más perdón y la venganza genera más venganza. Ambas actitudes son expansivas, sólo que una posibilita la reconciliación y la vida mientras que la otra agudiza los conflictos y multiplica la muerte. Y en esta eterna batalla entre la vida y la muerte cada pequeña aportación cuenta. Cada pequeño perdón es semilla de aperturas y cada pequeña venganza va produciendo cerramientos. No sabemos quién de las personas con las que cotidianamente tratamos está abocada a una situación de crisis que puede tener repercusiones de más largo alcance. Cada una de ellas merece nuestro perdón, nuestro respeto, más allá de sus posibles errores.
- Otro tema es la justicia, en el que no entro ahora porque es mucho más complicado. Sólo indicar que Ana impidió el trabajo habitual de la justicia con su agresor para poder vengarse. Hubiera sido mejor para ella (y para él por supuesto) haberle dejado en manos de los tribunales y poco a poco haber alcanzado en su interior la capacidad de perdonarle. El bien o el mal que hacemos repercute mucho más directamente en nosotros mismos que en el que recibe la acción, como también dice Eko al cargarse a Sawyer a sus espaldas: “no lo hago por él, sino por mí”. Gracias a su generosa acción Eko entra en el campamento de sus nuevos amigos como un servidor de la paz y de la vida. Esperemos que, siguiendo su ejemplo, la reintegración de ambos grupos llegue finalmente a buen término sin más choques o encontronazos, que para enemigos ya tienen suficientes con los que les acechan en la isla.
Amparo