2.7. Los otros 48 días
Hace 48 días empezó la lucha por la supervivencia en el otro lado de la isla, mucho más dura que la versión de la historia que ya conocíamos, pues si tras caer la cola del avión en el agua contaron 23 supervivientes (2.4) al final de este período sólo quedan cuatro. Aunque hay tres personas (del primer día) más nueve (del duodécimo día, dos niños y siete adultos) más una (Cindy), o sea trece, que han desaparecido, y ¿quién sabe? a lo mejor están bien, después de todo, al menos es lo que asegura Goodwin respecto de los niños.
Emma, Zack y los demás han sido raptados, como lo fue Claire (1.10) y más recientemente Walt (1.25). También la historia de Goodwin corre paralela a
la de Ethan, el ‘otro’ infiltrado en el campamento de Jack y los suyos. Por si nos quedaba alguna duda de si en el fondo tendría buenas intenciones, la escena en la que mata a Nathan, quién según él no era bueno, nos muestra su lado siniestro, como tuvimos ocasión de conocer la maldad de Ethan en su intento de matar a Charlie (1.11) y en la horrible muerte de Scott (1.15), que le fue atribuida. En esta ocasión es Ana Lucía la que se encarga de eliminarle, ella solita, pero con las mismas ganas de acabar con él que tuvo Charlie en el caso de Ethan (1.15). En él pesaba la grave amenaza que este hombre suponía para Claire (y el bebé) y en este caso Ana piensa especialmente en los niños, en Emma, la pequeña que ella salvó y a quien prometió llevar pronto junto a su madre.
El grupo de la cola del avión, aunqne especialmente asediado por los ‘otros’, no parece haber trabado conocimiento con el monstruo de la isla ni con más osos que el después ‘otrizado’ oso de peluche (2.5), pero en este tiempo hace también algunos descubrimientos: el búnker marcado con el signo de la flecha en su logo, un ojo de cristal, una Biblia y una radio. Bernard, aunque quizás no con la misma pericia de Sayid, es el que se entusiasma por probar si fuera posible recibir y/o transmitir alguna señal en el aparato. Y ayuda así, sin saberlo, a retrasar fatalmente a Boone en la avioneta que empezaba a caer, pues si éste no hubiera oído nada en la radio quizás aún habría podido escapar a tiempo (1.19). El personaje de Bernard es el encargado de la conexión de este grupo con los supervivientes de la sección central del avión, por su diálogo con Boone en la radio y porque su mujer Rose siempre supo de alguna manera que él estaba vivo (1.4, 1.12, 2.4). Como esta pareja, formada por un hombre blanco y una mujer negra, ambos grupos muestran las dos caras, similares y a la vez muy diferentes, de la supervivencia en la isla. Y si el primer contacto entre ambos grupos resultó mortal para Boone, el segundo resultará mortal para Shannon. Bueno, olvidaba el caso intermedio, que se saldó con una buena tanda de golpes para nuestros ‘balseros’, sobre todo para Sawyer –Ana también recibió alguno, aunque voluntariamente– se ve que el encuentro con los otros supervivientes es de por sí bastante peligroso, aunque los pobres no son tan ‘otros’ como pensaba Jin en un primer momento.
Tras los primeros cuarenta días (número de resonancia bíblica) se produce un cambio: Eko se decide a hablar y Ana se para a llorar. La forma de reaccionar de estas dos personas ante las dificultades ha sido complementaria. Ambos se ocuparon de la operación de salvamento en la playa, pero tras el primer ataque, Eko, que para defenderse mata a dos personas, guarda silencio. Ana se erige en líder y agudiza su astucia para intentar salvar a los que quedan. Ella es también la responsable de al menos dos muertes, Goodwin y una ‘otra’, si no lo es, al menos indirectamente, del fatal desenlace de Nathan. La necesidad de tomar decisiones no le ha permitido pararse a asumir todo lo que ha pasado y lo que significa y cómo les ha afectado cambiando profundamente sus vidas y sus expectativas. Es lo que suponemos que ha hecho Eko, pararse, cuando la cosa empezaba a ir demasiado lejos, y distanciarse un poco de la experiencia, para no ser dominado por ella. Sin embargo ha estado atento al grupo y colaborando con ellos en todo momento, con sus hechos, ya que no con su palabra. También aprecia a Ana y la apoya en su necesario papel de líder, como se muestra en la escena en la que conforta su llanto. Y Ana, como hemos visto en los episodios 2.4-6, confía por su parte en él.
“No somos salvajes”, dice Goodwin, ¿quiénes?, ¿el grupo de Ana o ‘ellos’? Probablemente ninguno de los dos grupos se considera salvaje, ambos creen que son los buenos. Nos faltaría una definición de qué significa ‘bueno’ en cada bando. Y vemos que ciertamente el comportamiento de un grupo de personas amenazadas puede desembocar en un cierto salvajismo. Como balance final del enfrentamiento tenemos por un lado trece personas raptadas y un muerto (con el cuello roto, seguro que hubiera preferido que le cortaran el dedo); cuatro muertos por el otro (golpeados con piedras dos de ellos, Goodwin empalado en una estaca). Suena suficientemente salvaje. También en el grupo de Jack se recurrió en algún momento a la tortura (1.8) cuando la colaboración de todos al bien común no estaba tan clara. En ocasiones tan especiales es difícil juzgar qué comportamiento es ‘bueno’ o ‘malo’, es más fácil juzgar a partir de quién está con nosotros y quiénes son los ‘otros’. En medio de tanta dificultad es quizás cuando más necesario se hace pararse y distanciarse, para poder ver las cosas desde una dimensión distinta, donde se perciba mejor la realidad de que todos son personas, asustadas o fanatizadas, pero personas al fin y al cabo. Aunque no siempre hay tiempo para pararse y distanciarse así. Por eso el tándem de Eko y Ana funciona tan bien, porque cada uno respeta y valora la opción del otro y busca su apoyo. Lástima que las circunstancias (¿y los desquiciantes susurros?) les hayan llevado a la trágica situación de la muerte de Shannon. Veremos si Sayid y sus amigos son capaces de asumir de una forma pacífica esta violenta irrupción de ‘otros’ en su vida.
Pistas para adentrarnos en los entresijos de estos temas:
- La paranoia de Ana comienza cuando descubre la lista y deduce que uno de su grupo es uno de ‘ellos’. La tácita alianza entre todos los supervivientes se ve rota por una importante brecha en la confianza, ya que cualquiera de su grupo, en los que se apoya para sobrevivir, puede ser un enemigo. A partir de ahí se entiende su desconfianza en Jin, Sawyer y Michael, aún después de saber que son de su mismo avión. Su extremada desconfianza exaspera su agresividad y la lleva a disparar contra el primer movimiento que percibe, convirtiéndose así de entrada en ‘enemiga’ precisamente de aquellos a los que buscaba como refugio. En la vida real sabemos que se dan habitualmente casos en los que quienes debían ser compañeros y un apoyo para alguien se convierten en sus principales enemigos, poniendo a esta persona al borde del colapso psicológico, como el acoso o ‘mobbing’ en el trabajo, el ‘bullying’ en las escuelas o la violencia doméstica. Es una de las situaciones más terribles que uno puede vivir, no poder confiar en tu propia gente.
- La serie ha destacado varias veces, sobre todo en la primera temporada la oposición blanco-negro (1.3, 1.6, 1.10). Pero en Rose y Bernard esta oposición se convierte en una colaboración complementaria, de forma que al estar separados no hacen más que echarse mutuamente de menos. Dos opuestos complementarios (negro-blanca, en este caso) son también Eko y Ana, pero sobre todo, como hemos visto, por sus actitudes. En la misma línea funcionaba muy bien la pareja entre Sayid y Shannon, aún siendo de diferentes razas. Se puede integrar lo que es diferente, lo que es otro, para un mayor enriquecimiento. En ambos grupos de supervivientes han aprendido a colaborar y a ayudarse mutuamente gentes de muy distintas procedencias y estilos. Pero la amenaza de los ‘otros’ es mucho más enrevesada. Su ‘otreidad’ no reside en su apariencia o en su dificultad de adaptación por diferencias culturales –Ethan y Goodwin pertenecieron durante semanas a sus grupos respectivos sin problemas– sino en una extraña disposición oculta que les mantiene aparte del grupo en su fuero interno y que se basa en su pertenencia a ‘otro’ grupo, que tiene ‘otros’ objetivos y probablemente ‘otros’ valores. La imposibilidad de integración que les convierte en enemigos proviene de su propia actitud ocultista y sus intenciones dañinas. No intentan integrarse sino infiltrarse para ganar la confianza del grupo y engañarle. El conflicto es en este caso con un grupo esquivo, que no da la cara y no explica sus intenciones. Quizás éstas sean en algún sentido buenas, quizás ambos bandos podrían aprender a colaborar en la isla, pero la actitud de partida de los ‘otros’ lo único que hace es generar tensión y alimentar la agresividad de nuestros supervivientes. No sabemos si quizás intencionadamente.
Amparo
Editado para realizar algunas pequeñas correcciones estilísticas (5-10-2006).
Comentario añadido el 5 de Octubre de 2006:
Cuando Ana se echa a llorar junto al arroyo parece que su grupo ya ha alcanzado una situación estable y de cierta seguridad, al menos en lo que respecta a los ‘otros’. Durante un largo proceso han ido renunciando a espacios y bienes por ganar seguridad, hasta alcanzar finalmente un equilibrio. Pero ¿qué les queda finalmente? Son sólo cinco personas, y con una enorme reticencia a encontrarse con otra gente. De hecho renuncian al uso de la radio por temor a que sea utilizada como trampa.
Salieron todos ellos del agua del mar, símbolo de nacimiento y de muerte, pero también signo de identidad: provenir del mar es para ellos una garantía de pertenencia al grupo. Es una suerte que Jin, Michael y Sawyer llegaran a ellos también desde el mar. Renunciaron a acampar en la playa, a pasar las noches bajo el cielo estrellado escuchando las olas, a la fogata de señalización para los posibles rescatadores… buscando un lugar escondido en el interior. Pero no muy adentrado en la jungla, pues éste es el terreno de ‘ellos’. En la selva sólo pueden aventurarse con miedo y en silencio: la misteriosa jungla donde nunca se perciben huellas de otros habitantes, pero sí inquietantes susurros, la maleza que se traga uno tras otro a los desaparecidos, dejando sólo aparecerse alguna vez y de la forma más enigmática posible a Walt, o a la fila de ‘otros’ que llevaban el osito. Como extranjeros en una tierra hostil buscan un lugar recóndito y tienen suerte al encontrar un búnker con luz eléctrica y mantas, porque no tiene mucho más. Poder comer cada día será una aventura peligrosa, pues la comida se encuentra en la playa abierta y en los árboles, selva adentro. Aparte del rígido e indiscutido liderazgo ejercido por Ana-Lucía, justificado por su capacidad de mantenerlos vivos, la única institución que ha surgido en este grupo es una prisión: casi antes de fabricar redes o trampas para animales, fabricaron garrotes, cuchillos y un pozo donde encerrar a los supuestos enemigos.
Esta situación puede considerarse una bendición, en comparación con los muchos que han perdido la vida en el accidente del avión y con todos los que han sido secuestrados, pero francamente, ¿cuánto tiempo se puede vivir así? Por eso no sorprende que a pesar del miedo y la desconfianza Ana-Lucía, Eko, Libby, Bernard y Cindy se atrevan a cruzar la isla entera para poder incorporarse al otro grupo de supervivientes. El balance: la desaparición de Cindy y la muerte de Shannon. Es el precio pagado por la ansiada reunificación de los dos grupos.
La terrible situación del grupo de la cola del avión ha configurado su percepción del entorno y sus costumbres de una manera muy diferente a la del otro grupo. Su éxodo en busca del grupo mayor y más afortunado me recuerda al éxodo que en nuestro mundo de hoy emprenden tantas personas buscando una mejor manera de sobrevivir en otras orillas. El choque entre las dos formas de ver y vivir la vida produce conflictos y malentendidos, pero el deseo de reincorporación al grupo grande les hace superar todo tipo de pruebas, aunque el viaje se cobre sus víctimas, a veces en ambos lados. No olvidemos que los que llegan a nuestras costas o a nuestras fronteras son compañeros de un mismo vuelo, supervivientes asustados de la misma aventura de la vida, que buscan nuestra amistad y nuestra ayuda y ofrecen a cambio su colaboración y la riqueza de lo que son como personas.
Amparo